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DAWs gratis en línea: qué puede hacer de verdad un navegador ahora
El software musical de navegador pasó de juguete a usable cuando el reloj de Web Audio dejó de ser un temporizador. Qué cambió eso, qué sigue sin poder hacer y cómo elegir uno.
"DAW en línea" designó mucho software malo durante casi una década, y la fama ha sobrevivido al problema. Esto es lo que cambió de verdad, para que distingas qué limitaciones son reales y cuáles son citas de 2014.
El problema que los convertía en juguetes
La precisión temporal. No la calidad de sonido: los navegadores llevan muchísimo tiempo reproduciendo audio con limpieza. El problema era que las primeras herramientas musicales de navegador programaban las notas con los mismos temporizadores que animan un desplegable, y a esos temporizadores se les permite llegar tarde. Llegan tarde unos pocos milisegundos con carga, más si cambias de pestaña, y un patrón de batería es justo aquello en lo que unos pocos milisegundos se oyen como descuido.
El arreglo consiste en programar contra el reloj propio del hardware de audio en vez del de la página, encolando las notas un poco antes de cuando hacen falta. Toda herramienta musical de navegador seria hace esto ya. Es la línea exacta entre un instrumento de navegador que suena profesional y uno que suena a página web.
Qué hace bien un navegador ahora
- Síntesis. Osciladores, filtros y envolventes van de forma nativa y cuestan casi nada, y por eso las herramientas basadas en síntesis se sienten más ágiles en línea que las basadas en samples.
- Secuenciación por pasos y edición en piano roll. Es trabajo de interfaz corriente y los navegadores llevan años haciéndolo bien.
- Reproducción de samples, una vez cargados. La trampa está en esas tres últimas palabras.
- Renderizar una mezcla terminada sin conexión, más rápido que en tiempo real.
Qué sigue siendo genuinamente más difícil
- Librerías de samples grandes. Una librería orquestal de varios gigas no va a llegar por la conexión antes de que pierdas la paciencia, y eso no va a cambiar.
- Los plugins. Tu colección de VST no corre en una pestaña, y ningún avance lo va a lograr.
- Grabación en vivo con baja latencia. Meter un micrófono, monitorizarlo y tener una latencia de ida y vuelta lo bastante baja como para tocar encima es la parte más floja y depende mucho de la máquina.
- Proyectos muy grandes. Sesenta pistas con procesado pesado sigue siendo trabajo de escritorio.
Fíjate en que la lista honesta de debilidades va de escala y de hardware de entrada y salida. Nada de eso toca hacer un loop de ocho compases con sonidos sintetizados, que es justo la forma hacia la que han convergido casi todas las herramientas de navegador.
Cómo elegir una
La pregunta útil no es cuál tiene más funciones, sino cuál de estas tres cosas estás haciendo:
| Quieres | Busca | Asume que |
|---|---|---|
| Esbozar una idea en diez minutos | Una herramienta que abre con los sonidos ya cargados | No va a terminar el tema |
| Producir un tema entero | Proyectos en la nube, stems, colaboración | En algún momento pelearás con el navegador |
| Aprender haciendo | Un kit pequeño y restricciones duras | Tener menos opciones es la virtud |
La tercera fila es la que nadie promociona, y es la que la mayoría de principiantes necesita de verdad. Una herramienta con doscientos instrumentos te enseña a hojear instrumentos. Una con doce te enseña a escribir partes, porque no hay otra cosa que hacer.
La versión con restricciones
El estudio de GrooveArena está deliberadamente en ese extremo: siete voces de batería, cinco melódicas, ocho compases y un tempo que se sortea por ti. No hay nada que cargar ni nada que elegir antes de empezar, lo que significa que el primer sonido ocurre a los pocos segundos de abrir la página.
Existe porque también es una ronda multijugador —todo el mundo recibe el mismo tempo y los mismos cuatro minutos— y una competición no puede ser justa si un jugador trajo un pack de samples mejor. El efecto secundario es que es un buen sitio para practicar escribir en vez de comprar.
Four minutes is shorter than it sounds.
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